El agua que guarda el ADN de miles de especies
El avance podría transformar la manera de monitorear y proteger los ecosistemas.
Un simple análisis de agua podría convertirse en una de las herramientas más poderosas para conocer qué ocurre dentro de un ecosistema. Un equipo liderado por investigadores de la Universidad de Florida analizó el río Avoca, en Irlanda, mediante una técnica basada en ADN ambiental, logrando detectar señales de una enorme variedad de organismos a lo largo de su recorrido.
El estudio utilizó eDNA, es decir, fragmentos de ADN que los seres vivos dejan en el ambiente, junto con una tecnología de secuenciación por nanoporos. Gracias a este sistema, los científicos pudieron identificar en una sola muestra rastros de animales, plantas, hongos, microbios y virus, creando una verdadera radiografía de la biodiversidad del río.
Un río convertido en una enorme biblioteca de ADN
Uno de los resultados más sorprendentes apareció en la desembocadura del Avoca. Una pequeña muestra de arena permitió detectar ADN correspondiente a 861 especies animales, una demostración del enorme potencial que tiene esta tecnología para conocer la biodiversidad de un lugar sin necesidad de observar directamente a cada una de las especies.
La investigación también permitió detectar por primera vez en Irlanda el hongo quítrido Batrachochytrium dendrobatidis, un microorganismo asociado a enfermedades que afectan a los anfibios. Este tipo de hallazgos podría ser fundamental como sistema de alerta temprana, permitiendo tomar medidas antes de que determinadas especies sufran consecuencias mayores.
Una herramienta que también puede cuidar el ambiente
El potencial del análisis no se limita únicamente al descubrimiento de especies. Los investigadores también observaron una fuerte disminución del ADN fecal humano en el río después de la puesta en funcionamiento de una nueva planta de tratamiento de aguas residuales en 2024.
Este resultado demuestra que el ADN ambiental podría utilizarse también para medir el impacto de las políticas ambientales y comprobar si determinadas obras realmente mejoran la calidad de los ecosistemas. En el futuro, una simple muestra de agua podría ofrecer información clave sobre la biodiversidad, la contaminación y la salud de un río.
El avance abre así una posibilidad especialmente positiva para la conservación: contar con métodos más rápidos, amplios y menos invasivos para vigilar los ecosistemas. Si esta tecnología continúa desarrollándose, los ríos podrían comenzar a contar su propia historia a través de algo invisible a simple vista, pero capaz de revelar miles de secretos: su propio ADN.

