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Todo lo que sabemos del caso de los anestesistas en el Hospital Italiano

La muerte de un médico destapó una trama de robo de anestesia, encuentros clandestinos y una investigación judicial que sacude al sistema de salud.

Periodista, Licenciada en Comunicación Social, redactora y creadora de contenido en redes sociales

La muerte de Alejandro "Alito" Salazar, un anestesista hallado sin vida el 20 de febrero en su departamento de Palermo, encendió una investigación que rápidamente escaló hacia un escándalo mayor. En el lugar, los peritos encontraron frascos de propofol y otros insumos médicos provenientes del Hospital Italiano, lo que llevó a abrir una causa por el desvío de fármacos de uso hospitalario

La autopsia indicó signos compatibles con una sobredosis, y su fallecimiento se convirtió en el punto de partida de una trama mucho más amplia.A partir de ese hallazgo, la Justicia comenzó a reconstruir un circuito irregular dentro del sistema de salud. 

Todo lo que sabemos del caso de los anestesistas en el Hospital Italiano

El propio hospital confirmó el faltante de drogas críticas en el área de anestesiología y apartó a dos profesionales: Hernán Boveri y Delfina Lanusse, quienes quedaron imputados por administración fraudulenta. La hipótesis central no apunta al narcotráfico, sino a un uso indebido y sistemático de medicamentos bajo custodia institucional, lo que habría generado un perjuicio directo al centro médico.

¿Qué eran las "fiestas del propofol" y cómo funcionaban?

Las investigaciones revelaron la existencia de encuentros privados conocidos como "Propo Fest" o "fiestas del propofol", donde se utilizaban anestésicos como propofol y fentanilo con fines recreativos. Según los testimonios y audios difundidos, había una organización básica para sostener estas prácticas de alto riesgo. En uno de esos registros se describe: "Hacían una fiesta, llevaban bombas de infusión, hacían infusión continua de propofol y tenían un encargado de ambucearlos cuando el propofol ya le estaba generando la apnea".

Estas reuniones tenían distintas modalidades: desde encuentros íntimos con consumo de sustancias hasta la presunta venta de experiencias denominadas "viajes controlados", donde los participantes buscaban estados de relajación o desconexión inducidos por anestesia. En ese contexto, siempre había alguien preparado para intervenir en caso de emergencia, una práctica que en la jerga llamaban "ambucear", es decir, asistir manualmente la respiración con un dispositivo.

El riesgo era extremo. Tanto el propofol como el fentanilo son fármacos de uso estrictamente médico, no se venden en farmacias y requieren monitoreo constante. Una diferencia mínima en la dosis puede provocar depresión respiratoria, pérdida de conciencia o incluso la muerte, lo que convierte su uso fuera del ámbito clínico en una práctica altamente peligrosa.

En paralelo, la causa judicial avanza con allanamientos, declaraciones y medidas restrictivas para los imputados, como la prohibición de salir del país y de contactarse entre sí. La investigación busca determinar cómo se sustraían los medicamentos, quiénes participaban del circuito y si existía algún tipo de beneficio económico detrás de estas prácticas. Aunque por ahora el expediente se centra en la defraudación, no se descarta que se amplíe hacia otras figuras penales.

El caso también puso en evidencia una problemática más profunda: la vulnerabilidad en los controles de sustancias críticas dentro de hospitales. El Hospital Italiano aseguró que reforzó sus mecanismos internos y que ninguno de los involucrados continúa en funciones, mientras organismos profesionales analizan si este tipo de prácticas podría replicarse en otras instituciones. La investigación sigue abierta y ya es considerada uno de los episodios más graves recientes vinculados al uso indebido de anestesia en el ámbito médico argentino.

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