La Universidad de Chile, en la mira tras el escándalo de las barras ante Audax Italiano
Los incidentes en el estreno del torneo abrieron un frente judicial, político y deportivo que amenaza con sanciones duras y reaviva el debate sobre el control en los estadios.
El debut de Universidad de Chile en la Liga de Primera 2026 quedó eclipsado por una noche de destrozos, amenazas y fuego en las tribunas durante el duelo ante Audax Italiano. Lo que debía ser una vuelta festiva terminó con interrupciones, evacuaciones parciales y una imagen que volvió a golpear al fútbol chileno.
Un informe que complica el escenario
El árbitro Gastón Philippe fue categórico en su reporte: proyectiles al campo, bengalas, intentos de invasión y focos de incendio con la intención explícita de forzar la suspensión. Ese documento ya está en manos del Tribunal de Disciplina de la ANFP, que deberá definir castigos en los próximos días.
El partido de la U de Chile vs Audax debió darse por finalizado ante el incendio provocado por los simios. Espero que las autoridades no presten más el Estadio Nacional a un club que lo destroza.
— Cruzado Caballero %uD83E%uDD0D%uD83D%uDC99%uD83C%uDDE8%uD83C%uDDF1 (@lvaroRu93815340) January 31, 2026
Carcel para todos esos delincuentes!!! pic.twitter.com/TcI60Iy77R
Las consecuencias posibles van desde multas económicas y reducción de aforo hasta la pérdida de puntos o partidos sin público. A eso se suma el daño material en el Estadio Nacional, que el club cifró en cerca de 35 millones de pesos y que motivó querellas nominativas gracias al sistema biométrico.
Política, seguridad y presión territorial
El episodio también encendió alarmas fuera de la cancha. El alcalde de Ñuñoa, Sebastián Sichel, cuestionó con dureza la gestión del recinto y pidió cambios de fondo en su administración. Desde el Instituto Nacional de Deportes descartaron quitar la localía, pero reforzaron el llamado a erradicar la violencia.
Mientras la dirigencia azul acelera reparaciones y acciones legales, el club queda atrapado entre la necesidad de proteger su casa deportiva y la urgencia de cortar de raíz a los grupos violentos. El mensaje es claro: esta vez, el costo podría ser mucho más alto que un mal debut.

