A 4 años de la guerra Rusia-Ucrania: qué controla Moscú y por qué no avanza la paz
A cuatro años de la invasión iniciada el 24 de febrero de 2022, el conflicto atraviesa una etapa de desgaste militar, presión diplomática y negociaciones estancadas, con miles de muertos y cerca de un quinto del territorio ucraniano bajo control ruso.
Al cumplirse cuatro años del inicio de la ofensiva rusa, la guerra en Ucrania se mantiene sin una resolución clara. Comenzó con avances rápidos en 2022 que derivaron en un enfrentamiento prolongado, con posiciones prácticamente fijas en el campo de batalla y combates que se concentran en el este del país. Pese a los intentos de negociación impulsados en distintos momentos y con mediación internacional, no se logró un acuerdo que frene de manera definitiva las hostilidades.
En el plano militar, el conflicto entró en una fase de desgaste. Los enfrentamientos continúan sobre todo en la región del Donbás, donde Rusia controla casi la totalidad de Lugansk y gran parte de Donetsk. Aunque Moscú mantiene una leve ventaja territorial, los avances son lentos y costosos.
El uso masivo de drones cambió la dinámica de la guerra y hoy explica la mayoría de las bajas en el frente, mientras que los misiles y ataques sobre infraestructura energética siguen afectando a ciudades ucranianas.
¿Cómo está la guerra hoy en el terreno y en la política?
Actualmente, cerca del 20% del territorio ucraniano permanece bajo ocupación rusa. Las líneas de combate están estabilizadas tras casi 50 meses de enfrentamientos, con un alto costo humano. Las estimaciones hablan de cientos de miles de militares muertos o heridos en ambos bandos, además de más de 15.000 civiles fallecidos y decenas de miles de heridos, según registros internacionales que advierten que las cifras reales podrían ser mayores. A esto se suma el desplazamiento de millones de personas dentro y fuera del país.
En el frente económico, Rusia logró amortiguar parte del impacto de las sanciones occidentales mediante la reorientación de sus exportaciones energéticas y mecanismos alternativos de comercio, aunque enfrenta inflación, déficit y caída de ingresos petroleros. Ucrania, por su parte, sufrió una fuerte contracción de su economía desde 2022, con infraestructura dañada en sectores clave como energía, industria y transporte. El costo estimado de reconstrucción para la próxima década supera el medio billón de dólares.
En el plano diplomático, las conversaciones para un eventual alto el fuego continúan, pero el principal obstáculo es territorial. Moscú exige consolidar su control sobre las zonas ocupadas, especialmente en el este, mientras Kiev rechaza cualquier cesión y reclama un cese inmediato de los ataques. Estados Unidos y Europa siguen siendo actores centrales en el apoyo a Ucrania, aunque la ayuda estadounidense se redujo significativamente en el último año. Así, la guerra entra en su quinto año sin un desenlace cercano y con un equilibrio frágil tanto en el frente como en la mesa de negociación.

