Espacio

Artemis II incomunicada: qué esconde el lado oculto de la Luna y por qué bloquea la señal

La misión marca un hito histórico, pero también revive un fenómeno clave del espacio profundo: el momento en que la nave queda completamente aislada al cruzar detrás de la Luna.

Periodista, Licenciada en Comunicación Social, redactora y creadora de contenido en redes sociales

La misión Artemis II avanza hacia uno de sus momentos más críticos: el paso por el lado oculto de la Luna, una región que no puede verse desde la Tierra. Durante ese tramo, la cápsula Orion quedará incomunicada por unos 40 a 50 minutos, generando un silencio total con el centro de control. Lejos de ser un fallo, se trata de un fenómeno esperado y clave en la exploración espacial.

El motivo es puramente físico: cuando la nave pasa por detrás de la Luna, el propio satélite actúa como un bloqueo natural de señales. Las comunicaciones -basadas en radio y láser- no pueden atravesar el cuerpo lunar, por lo que la conexión con la Tierra se interrumpe por completo.

¿Qué hay realmente del otro lado de la Luna?

Contrario a los mitos, no hay nada "misterioso" en términos de vida o estructuras ocultas. Lo que existe es un paisaje muy distinto al visible desde la Tierra: una superficie con más cráteres, menos mares lunares y formaciones gigantes como la cuenca Orientale, de casi mil kilómetros de diámetro. Esta cara permanece invisible porque la Luna tiene una rotación sincronizada con la Tierra.

Los astronautas describieron este entorno como impactante y desconcertante. La especialista Christina Koch señaló que "no es la luna que estoy acostumbrada a ver", mientras que las imágenes muestran relieves y sombras nunca observados directamente por humanos.

Durante ese sobrevuelo, además, se pueden observar fenómenos únicos: cambios extremos de luz, posibles eclipses solares desde el espacio y detalles geológicos que las cámaras aún no logran captar con la misma precisión que el ojo humano.

El corte de comunicación, lejos de ser un problema, es también una prueba clave para futuras misiones. Permite evaluar si la nave puede operar de forma autónoma en el espacio profundo, algo esencial para viajes más largos, como los que apuntan a Marte. Mientras tanto, la tripulación continúa registrando datos que recién se enviarán cuando la señal se restablezca.

En ese silencio absoluto, los astronautas saben que están solos por unos minutos. Antes del cruce, el piloto Victor Glover lo resumió con una frase que mezcla ciencia y emoción: "Oremos, tengamos esperanza y enviemos nuestros mejores deseos para que podamos volver a contactar con la tripulación".

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