Donald Trump endurece la ofensiva sobre Irán con un bloqueo indefinido y escala la presión internacional
La Casa Blanca ordenó profundizar el cerco económico sobre Teherán para forzar concesiones sobre su programa nuclear. Washington descarta por ahora retomar bombardeos, pero mantiene la máxima tensión en la región.
Donald Trump decidió redoblar su estrategia contra Irán y ordenó avanzar con un bloqueo prolongado sobre el régimen de Teherán para asfixiar su economía y forzar concesiones en torno a su programa nuclear. La medida fue definida tras reuniones de seguridad en la Casa Blanca y apunta a sostener la interrupción del transporte marítimo hacia y desde puertos iraníes, en una nueva fase de máxima presión que profundiza la crisis en Medio Oriente.
La apuesta de máxima presión de Washington
Según trascendió, el mandatario estadounidense evaluó distintas alternativas junto a sus asesores y concluyó que mantener el bloqueo era una opción menos riesgosa que reanudar los bombardeos o retirarse del conflicto sin obtener resultados. La decisión marca un endurecimiento de la postura de Washington luego de considerar insuficiente la última propuesta iraní para retomar conversaciones diplomáticas.
Trump considera que Teherán no está negociando "de buena fe" y sostiene como condición innegociable el desmantelamiento de su programa nuclear. En particular, exige que Irán suspenda el enriquecimiento de uranio durante al menos 20 años y acepte nuevas restricciones permanentes una vez concluido ese período, algo que el régimen persa rechaza de plano.
Temor global por el impacto económico
Desde la Casa Blanca aseguran que la presión está dando resultados. Funcionarios estadounidenses sostienen que el bloqueo ya está golpeando con fuerza a la economía iraní, complicando sus exportaciones petroleras y generando problemas de almacenamiento por el crudo que no logra colocar en el mercado internacional.
Sin embargo, el conflicto empieza a generar preocupación incluso dentro del propio entorno republicano. Mientras sectores duros reclaman sostener la presión total sobre Teherán, empresarios cercanos al presidente alertan sobre el impacto económico de una crisis prolongada en el estrecho de Ormuz, una vía clave para el comercio energético mundial.
Con el diálogo diplomático congelado y sin señales inmediatas de distensión, en Washington crece la sensación de que el enfrentamiento puede extenderse durante semanas o meses. La gran incógnita pasa ahora por la reacción iraní: Estados Unidos teme que el régimen responda con ataques contra infraestructura energética regional o activos militares estadounidenses, lo que podría abrir la puerta a una escalada todavía mayor.

