Estados Unidos presentó su plan de "tres fases" para Venezuela, con el petróleo como protagonista: en qué consisten
Donald Trump y Marco Rubio se pronunciaron ayer sobre el futuro del país sudamericano.
Donald Trump puso al petróleo venezolano en el centro de su estrategia para ordenar la transición política tras la caída de Nicolás Maduro. Con el retiro parcial y selectivo de sanciones, Estados Unidos habilitó la venta de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, bajo un esquema de control financiero directo que redefine quién maneja el principal recurso del país.
La operación no es solo económica. Washington busca que el petróleo vuelva a circular por mercados formales, sin intermediarios ni desvíos, y que los ingresos queden inicialmente bajo su supervisión. El mensaje es claro: sin control del flujo de dólares, no hay transición posible ni estabilidad duradera.
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— Agustín Antonetti (@agusantonetti) January 7, 2026
"Tenemos un proceso triple en Venezuela. El primer paso es la estabilización del país. La segunda fase será la recuperación, asegurando que Occidente tenga acceso a los mercados venezolanos. La tercera fase será la transición".pic.twitter.com/eoXrlWW6QS
Control económico y hoja de ruta
El plan contempla que los fondos obtenidos se utilicen para comprar productos estadounidenses y para recuperar una infraestructura energética devastada. Equipos, repuestos, diluyentes y mejoras en la red eléctrica forman parte de una primera etapa destinada a reactivar la producción y evitar un colapso inmediato del sistema.
En paralelo, la Casa Blanca plantea una secuencia política en tres tiempos: estabilización, recuperación y transición. Así lo explicó Marco Rubio ante el Congreso, al detallar que el control del petróleo es la herramienta central para ordenar el proceso, reducir el margen de maniobra del viejo régimen y abrir el juego a empresas occidentales.
Con Delcy Rodríguez al frente de una administración interina monitoreada de cerca por Washington, Estados Unidos apuesta a que el manejo del crudo funcione como ancla económica y disciplinadora. El petróleo, esta vez, no es solo un recurso: es el mecanismo elegido para rediseñar el poder en Venezuela.

