La sífilis en "Frankenstein": la enfermedad que simboliza la corrupción del alma y el cuerpo en la versión de Guillermo del Toro
Guillermo del Toro convierte la sífilis en un símbolo de corrupción, deseo y castigo en su oscura adaptación de Frankenstein.
El pasado 7 de noviembre, Netflix estrenó la esperada adaptación de Frankenstein dirigida por Guillermo del Toro, basada en la legendaria novela de Mary Shelley publicada en 1818. En esta nueva versión, el director mexicano revisita la historia del científico Victor Frankenstein, "un brillante y ególatra investigador que da vida a una criatura en un experimento que termina siendo su perdición". La película conserva la esencia gótica del original, pero incorpora nuevos matices que la conectan con las obsesiones temáticas del cineasta: el cuerpo, la enfermedad y la culpa.
Un elenco de lujo para una historia inmortal
La película está protagonizada por un elenco de primer nivel: Oscar Isaac interpreta a Victor Frankenstein, Jacob Elordi encarna a la Criatura, Mia Goth se pone en la piel de la atormentada Elizabeth, y Christoph Waltz da vida a Henrich Harlander, un poderoso empresario que encarna la corrupción moral del siglo XIX. A ellos se suma Lars Mikkelsen, quien interpreta al Capitán Anderson, el hombre que encuentra a Frankenstein varado en el Ártico y escucha de su propia voz el relato de horror que lo marcará para siempre.
Henrich Harlander: el hombre que quiso vencer a la muerte
El cambio más notable de esta adaptación es la inclusión de un nuevo personaje: Henrich Harlander, interpretado por Christoph Waltz. Este hombre enriquecido por las guerras del Imperio británico se convierte en el mecenas de Victor Frankenstein. Harlander financia por completo sus investigaciones en el Real Colegio de Cirujanos de Edimburgo, donde el científico realiza un experimento capaz de reanimar parcialmente un cadáver. Sin embargo, su apoyo tiene un motivo oculto que se revelará más tarde.
Solo en el momento en que Victor está a punto de darle vida a la Criatura, Harlander confiesa su verdadero plan: está muriendo de sífilis y le exige al joven científico que transplante su cerebro al cuerpo resucitado, con la esperanza de vivir para siempre. Este giro convierte la enfermedad en el corazón de la trama y en el símbolo de la ambición humana que corrompe la ciencia.
Una metáfora del cuerpo enfermo
Guillermo del Toro transforma la sífilis en una metáfora visual y filosófica. Harlander, al quitarse la peluca, deja ver su rostro descompuesto, una imagen "horriblemente humana", según describen las críticas especializadas. El personaje encarna la obsesión por poseer un cuerpo perfecto mientras el alma se pudre, un tema recurrente en la obra de Del Toro.
Durante la cinta, se cita el antiguo refrán: "una noche con Venus, toda una vida con Mercurio", en alusión directa a la sífilis. En el siglo XIX, la enfermedad se contraía habitualmente a través de relaciones sexuales y se trataba, sin éxito, con mercurio, cuyos efectos secundarios resultaban devastadores. La frase refuerza la ironía del destino de Harlander: un hombre que buscó placer y terminó condenado por su propio deseo.

