Cada una de las muertes de Hija del fuego: la venganza de la bastarda, la serie que trinfa en El Trece
El final de la serie argentina más intensa deja un saldo de víctimas, castigos implacables y una pregunta que todavía arde entre los fans.
Hija del fuego: la venganza de la bastarda se convirtió en una de las producciones más vistas de Disney+ y ahora vuelve a brillar en su estreno en El Trece. Su cierre de temporada no dejó lugar a interpretaciones ambiguas.
A diferencia de otras ficciones que apuestan por finales abiertos, aquí el destino de varios personajes queda explícitamente sellado. La historia de venganza liderada por Clara avanza con consecuencias concretas, muertes confirmadas y castigos que redefinen el mapa de poder.
¿Quiénes mueren realmente en la historia?
El balance final es contundente. Sosa aparece muerto como parte del entramado criminal que sostenía a los Saavedra, mientras que Almo también pierde la vida en un hecho que se convierte en eje judicial del desenlace. Feliciano Correa Llorens ya había muerto antes del cierre y la confirmación de sus restos cremados termina de consolidar su papel como figura clave en el origen del conflicto.
La lista continúa con la madre de Clara, cuyo asesinato es el motor emocional que impulsa toda la trama, y con la monja vinculada al mismo pasado oscuro. En el tramo final, Marichu muere en una escena explícita que funciona como uno de los golpes más fuertes del plan ejecutado por la protagonista. No hay dobles lecturas: esos personajes no sobreviven y sus muertes marcan el punto de no retorno.
¿Qué pasa con David y los que sobreviven?
Uno de los nombres más consultados tras el estreno fue el de David. La serie es clara: no muere. Su destino es distinto y, para muchos, más cruel. Termina detenido, acusado por el homicidio de Almo y enfrentando una condena que podría superar los 25 años de prisión. Su caída no es producto de la venganza directa, sino del sistema judicial, que lo deja completamente fuera de juego.
Otros personajes reciben castigos severos sin perder la vida. Fausto Saavedra es enterrado vivo con provisiones mínimas, condenado a un aislamiento prolongado que simboliza la pérdida absoluta de poder. El padre de Fernando sobrevive, aunque con secuelas graves.
Y Clara -también conocida como Letizia- no muere, pero desaparece: su fuga es facilitada, la ambulancia nunca llega y su rastro se diluye fuera del sistema. La venganza se consuma, pero la historia personal de la protagonista queda abierta, alimentando la inquietud sobre lo que podría venir después.

