Dónde se filmó Mi querida señorita, nueva película de Netflix: las locaciones en España
La nueva versión del clásico español de 1972 no se rodó en un único lugar. Netflix confirmó que la filmación se desarrolló entre Pamplona y Madrid, dos escenarios clave para una historia de identidad, cambio y descubrimiento.
Mi querida señorita ya está disponible en Netflix y, además del tema que toca, también llamó la atención por sus escenarios. La película dirigida por Fernando González Molina no apuesta por una geografía inventada: construye su recorrido a partir de dos espacios muy concretos de España, que además dialogan con la transformación de su protagonista.
La información oficial más clara la dio la propia Netflix cuando anunció el inicio del rodaje: la película comenzó a filmarse en Pamplona y el trabajo se desarrolló durante varias semanas entre Pamplona y Madrid. Ese dato también fue reforzado por medios navarros que siguieron la producción en 2025.
Pamplona, el origen de la historia
Pamplona no es una locación casual. Según explicó Netflix al presentar el proyecto, una parte importante de la película fue localizada allí y el propio director destacó el valor personal de arrancar el rodaje en esa ciudad, donde nació. En la historia, ese entorno más tradicional y contenido funciona muy bien como punto de partida para el conflicto de Adela.
La ciudad le da a la película un marco muy específico: una España de finales de los años 90 todavía atravesada por silencios, prejuicios y estructuras familiares rígidas. Ese clima acompaña el comienzo del viaje interior del personaje principal.
Madrid, el lugar del cambio
La segunda gran base del rodaje fue Madrid. Si Pamplona representa el origen, Madrid funciona como el espacio de la transformación. Distintas notas sobre la película remarcan justamente que la trama se mueve entre esos dos mundos: uno más conservador y otro asociado a la reinvención personal.
Esa división geográfica tiene sentido también en la narración. La película cuenta una historia de autodescubrimiento, y el paso de una ciudad a otra no solo cambia el paisaje: marca también un cambio emocional, social y vital en la protagonista.

