¿Existió Pirucha en la vida real? Quién fue la vidente de Barreda que interpreta Paola Barrientos
Pirucha no fue una creación de la película. Se llamaba María de las Mercedes Guastavino, decía ser clarividente y mantuvo una relación cercana con Ricardo Barreda antes del cuádruple femicidio de 1992.
La película "Barreda", estrenada en Prime Video el 28 de agosto, recuperó varios nombres ligados al caso real y uno de los que más curiosidad genera es Pirucha, interpretada por Paola Barrientos. El personaje existió: su nombre era María de las Mercedes Guastavino y fue una mujer muy cercana a Ricardo Barreda en los meses previos al asesinato de su esposa, su suegra y sus dos hijas.
Guastavino se presentaba como vidente, clarividente y conocedora de prácticas esotéricas. Barreda la consultaba y, según reconstrucciones periodísticas y testimonios de la época, ella le repetía que alrededor suyo había una energía negativa y que las mujeres de su familia podían querer hacerle daño. Incluso llegó a decirle que le habían hecho trabajos de magia o vudú.
Qué relación tenía Pirucha con Ricardo Barreda
El vínculo entre ambos fue extraño y difícil de encasillar. Algunas crónicas la describieron como amiga, confidente o amante. Lo que sí está documentado es que Barreda la visitaba, escuchaba sus interpretaciones y que ella conocía los conflictos que él decía tener dentro de su casa de La Plata.
Después de los femicidios del 15 de noviembre de 1992, Pirucha quedó bajo la mirada de los investigadores porque varias de sus frases podían ser leídas como una forma de alimentar la idea de que Barreda estaba amenazado por su propia familia. Sin embargo, nunca se pudo probar que hubiera participado en la planificación del crimen ni que lo hubiera instigado.
Qué declaró Pirucha y qué pasó con ella
Guastavino declaró públicamente que antes de la masacre había visto a Barreda "mal" y que al tirarle las cartas había aparecido la muerte. También sostuvo que la familia del odontólogo le hacía trabajos y que él estaba rodeado por fuerzas negativas. Sus explicaciones, teñidas de misticismo, alimentaron durante años el costado más excéntrico del expediente.
La Justicia no encontró pruebas para imputarla como cómplice o instigadora. Con el tiempo, su figura quedó asociada al caso como una de las personas que conocían la vida paralela de Barreda y sus obsesiones antes del crimen. La película la recupera justamente por ese lugar: no como autora material, sino como una presencia real que ayuda a mostrar el universo de supersticiones, resentimientos y relaciones clandestinas que rodeaba al odontólogo.

