Qué pasa con tus contraseñas cuando morís y cómo evitar que tus cuentas queden bloqueadas para siempre
Especialistas advierten que perfiles, criptomonedas y archivos pueden perderse si no se deja un heredero digital.
La muerte ya no implica solamente dejar bienes físicos, propiedades o dinero en una cuenta bancaria. Hoy también existe un patrimonio digital compuesto por correos electrónicos, redes sociales, fotos, suscripciones, billeteras virtuales, documentos y hasta criptomonedas. El problema es que, si nadie tiene acceso a esas claves, toda esa información puede perderse para siempre.
El tecnólogo Santiago Siri explicó que uno de los mayores errores es pensar que las plataformas resolverán automáticamente el acceso de los familiares. En la mayoría de los casos no sucede así: si no existe una autorización previa o una clave compartida, las cuentas quedan bloqueadas y los seres queridos no pueden recuperarlas.
El riesgo de perderlo todo
La situación se vuelve todavía más delicada cuando se trata de criptomonedas. A diferencia de un banco tradicional, muchas billeteras virtuales funcionan bajo autocustodia, lo que significa que nadie más puede recuperar el acceso si la persona fallecida no dejó anotada su clave privada.
En esos casos, los fondos pueden desaparecer para siempre. Incluso si los familiares saben que existe una cuenta, sin la contraseña correcta no hay manera de acceder a esos activos ni de demostrar propiedad sobre ellos.
Cómo ordenar el legado digital
Los especialistas recomiendan usar gestores de contraseñas como 1Password o Bitwarden para centralizar accesos y dejar una clave maestra guardada en un lugar seguro. También se sugiere designar un contacto de confianza y dejar instrucciones claras sobre cómo actuar en caso de fallecimiento.
Empresas como Apple y Google ya incorporaron funciones para designar herederos digitales o contactos de legado, que pueden acceder a determinada información cuando se presenta un certificado de defunción. Esto permite evitar conflictos legales y pérdidas innecesarias.
A medida que la vida cotidiana se vuelve cada vez más digital, también crece la necesidad de planificar qué ocurrirá con esos datos cuando una persona ya no esté. Lo que antes era una preocupación menor hoy se transformó en una decisión clave para cualquier familia.

