¿Dejamos a la tecnología que se haga cargo de nuestras vidas?

La otra cara de la moneda de la tecnología, es lo que tanto nos preocupa. Con la llegada de la pandemia, estas tecnologías han tenido alta demanda, formando parte importante de nuestra vida cotidiana. Vale la pena entonces empezar a […]

La otra cara de la moneda de la tecnología, es lo que tanto nos preocupa. Con la llegada de la pandemia, estas tecnologías han tenido alta demanda, formando parte importante de nuestra vida cotidiana. Vale la pena entonces empezar a reflexionar sobre esto, cuestionando no solo la manera en que la uso, sino también por qué y para qué.

Generalmente, pasamos más de ocho horas al día interactuando con algún aparato tecnológico conectado a Internet. Por lo que es imposible pensar que algo en lo que ya pasamos la mayor parte de nuestro tiempo no pueda tener un impacto (tanto positivo como negativo) en nuestra mente, lo tiene, y la tecnología ha marcado no solo una nueva forma de relacionarnos con otros, sino también con nosotros mismos.

Al no ser conscientes, podemos bombardearnos de información dañina, estresante o buscar situaciones en las que estemos expuestos o en riesgo. Las universidades registran cada vez más casos de depresión y ansiedad que están directamente ligados al uso de redes sociales. Siendo el momento de la comida y el final del día las horas de mayor tráfico. Sin importar si nos encontramos solos o acompañados estamos online, entonces ¿en dónde queda tiempo para la intimidad conmigo mismo y mis relaciones?

En las redes sociales, interactuamos e intercambiamos información con personas con quienes de alguna manera tenemos algo en común, filtramos las cosas que subimos o eliminamos de nuestros perfiles con base en la cantidad de likes, shares o comments que recibimos. Esta “economía de la atención” depende enteramente de la reacción que nos provoca el interés de otros y sus respuestas en redes sociales.

Dependemos tanto de las redes sociales que pasa a ser quién se haga cargo de nuestra vida. Es momento de hacer un stop y tomar las riendas. Hay tantos momentos en el mundo exterior que nos hacen bien, que sustentan nuestra autoestima y nuestros vínculos, no dejemos que queden a un costado. Disfrutemos en primer plano. Esto no tiene nada que ver con aislarnos y privarnos del intercambio, sino en aterrizar el cómo las usamos.

M. Emilia Scifo

Redactora 123News

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